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Y TÚ, ¿CON QUÉ PARTE DEL CUERPO SIENTES MÁS; corazón, cabeza o estómago? ¡Reflexionemos!

Quizá haya habido momentos en tu vida en los que te hayas sentido identificado con la frase de “me han roto el corazón”. Sin embargo, si nos paramos a pensar, podrás observar que en muchos de estos el lugar donde has sentido unas emociones más intensas, es el estómago. De todas formas, es algo comprensible ya que si lo pensamos bien, no queda de igual manera imaginarnos un corazón dañado al estilo Disney que … un estómago roto, ¿verdad?

Pero olvidándonos de todas estas frases hechas y las imágenes gráficas construidas y asociadas alrededor del amor romántico, la realidad es que  probablemente hayas vivido situaciones en las que una noticia inesperada haya hecho que la comida ingerida te sentara mal, o tal vez hayas pasado una época de nervios o inquietud en la que hayas padecido problemas en esta parte del cuerpo. Todo ello tiene una explicación biológica ya que cuando esto ocurre, se libera adrenocorticotropa, una hormona que actúa a la vez como neurotransmisor produciendo una sensación parecida a un nudo en el estómago.

¿Sabías que existen más de 100 millones de neuronas en nuestro intestino que lo convierten en un órgano tanto o más sensitivo que nuestro cerebro o corazón? 

De hecho, éste posee un sistema nervioso tan complejo como el del cerebro, siendo capaz de producir de manera independiente dopamina y siendo el principal regulador de la hormona serotonina, lo que lo convierte en un órgano totalmente capaz de regular nuestras emociones.

Tu sistema digestivo y los sentimientos: un vínculo directo

¿Quién no se ha sentido identificado con las películas de amor americanas en las que devoran una tarrina de helado en una noche de bajón? El bajo estado de ánimo, también nos despierta el apetito, y no de lo más sano. Esto ocurre debido a que cuando nos encontramos inmersos en estados de ansiedad y depresión disminuye la serotonina, la famosa hormona de la felicidad. Pero cuidado, ya que a pesar de que nuestro bienestar puede verse incrementado por el consumo de cierto tipo de alimentos a corto plazo, también puede conllevar la necesidad de cantidades cada vez mayores para que nos produzcan las mismas sensaciones de placer. Al fin y al cabo, no dejan de producir un efecto similar al de una droga. 

Y probablemente, te preguntarás… ¿Qué puedo hacer ante estos “ataques de hambre voraz” en un momento concreto en el que la tristeza, la sorpresa o la ansiedad, quieran comérselo todo por mí?

Sigue estas sencillas estrategias y serás capaz de ser el dueño de tu apetito emocional (o al menos en la mayoría de las ocasiones).

En primer lugar  es necesario reducir totalmente las dietas… ¡las que haces con tus horas de sueño!

Como llevamos insistiendo en anteriores post, es fundamental descansar un mínimo de 7 horas diarias para una correcta regulación tanto emocional, como física, y esto no deja indiferente a nuestra conducta alimentaria.

Cuando dormimos poco o nuestro sueño es de mala calidad, el sistema hormonal y psico-neuroinmunológico se altera, lo que da lugar a un desequilibrio en nuestras funciones metabólicas. Seguro que puedes acordarte de un día en el que has dormido pocas horas y no has parado de tomar cafés, bebidas azucaradas, galletas… 

Mímate y date un capricho, no solamente puedes hacerlo con la comida.

Habitualmente en nuestro día a día, estamos tan pendientes de los demás, del trabajo y de nuestros problemas que nos olvidamos de lo más importante, nosotros mismos. Ha llegado el momento de mimarte: prepárate un baño caliente y si tienes, haz uso de aceites relajantes. Esto ayudará a que tus niveles de activación disminuyan, tus músculos se relajen y tu estrés se diluya con los aceites en el agua.

Haz comidas completas y no elimines ningún tipo de alimento.

Uno de los mitos más oídos es el de que “La grasa engorda.” Y es que como todo e incluso la fruta, (sí, la fruta) si es en exceso engorda. Pero el consumo de  grasas son esenciales para entre otras cosas, regular el ciclo hambre-saciedad, mejorar nuestro estado de ánimo y promover el equilibrio de nuestros órganos vitales. Además, si las eliminas totalmente de tu dieta, es muy fácil que al menor “contratiempo” en tu vida emocional, tu cuerpo opte por acudir a ellas y no especialmente de manera controlada.

Desde PsicoLink, sabemos que recurrir a la comida como gestora de nuestras emociones puede llegar a producir un intenso malestar. Por ello, queremos ayudarte a descubrir la gran variedad de recursos que están al alcance de tu mano para conseguir que tú domines y regules tu cuerpo. ¿Y tú, quieres conocer cómo fomentar el equilibrio de tu segundo cerebro? Recuerda que contamos con sesiones express para que en 45´y por solo 30€ conozcas las señales que tu cuerpo te da. ¡O si lo prefieres, encontramos por ti a tu psicólogo a medida! Porque la formación en hábitos saludables, es fundamental.

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