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¿Sabías que «desear felicidad» mejora nuestra química cerebral?

Algo tan simple como desear que otras personas sean felices, puede llegar a tener un gran impacto en nuestra propia felicidad. Hay un refrán que dice “haz el bien sin mirar a quien”, que también puede reformularse como ‘desea felicidad ’. El simple hecho de proyectar pensamientos positivos mejora nuestra química cerebral.

Hablamos del efecto boomerang o principio de la acción en psicología, cuando hablamos de los pensamientos, actos o palabras que generan algún tipo de consecuencia en nosotros. Es decir, algo tan sencillo como ser capaces de desear que los demás sean felices, tiene un gran impacto positivo en uno mismo. Muchas veces el mero hecho de dar los buenos días cuando se entra en un sitio, una sonrisa caminando por la calle, dejar pasar a alguien en la cola del supermercado o el sitio en el metro, mirar a los ojos… genera una recompensa emocional tanto para quien lo recibe, como para quien lo ofrece.   

Y ahora nos preguntamos realmente ¿Por qué se produce ese cambio?

  • Muchos estudios científicos indican que, desear bien a los demás aumenta los niveles de empatía, conexión y felicidad a la vez que reduce el estrés y la ansiedad.
  • Se activa la corteza prefrontal, zona cerebral que está especialmente vinculada a la percepción y expresión de emociones, así como a la capacidad de motivación del ser humano, al control, a la creatividad y al comportamiento social.
  • Al cambiar tu atención hacia los demás, comienzas a reducir la preocupación excesiva con uno mismo.
  • Desearle bien a los demás es un acto de bondad y generosidad, que dice mucho de nuestros corazones y a su vez trae una serie de efectos positivos.

Ahora tal vez estaréis pensando ¿Cómo puedo sonreír por la calle o al entrar en un sitio si llevo mascarilla?

Se puede sonreír con los ojos. Se denomina la sonrisa de Duchenne y va vinculada a la sonrisa de la boca, pero con una diferencia trascendente. Con los ojos no se puede fingir. El tiempo que estemos con mascarilla, tendremos que poner mucho más empeño en transmitir a través de los ojos nuestra mejor sonrisa.

“Desear que los demás sean felices, revierte en nuestro bienestar” Veamos un ejemplo. Imaginemos que tenemos un compañero de clase o de trabajo cuyo comportamiento nos genera cierta incomodidad debido a que puede tener envidia, rencor, puede que exija demasiado, esté siempre enfadado, o incluso que le moleste algo de cómo somos nosotros. Así pues, si nosotros actuáramos igual, generaríamos una retroalimentación donde el negativismo, malestar y la confrontación nos llevarían a un estado de estrés muy incómodo. Por el contrario, desearle el bien, nos llenaría de paz. Aceptar que cada cual es como es y desearle que sea feliz, nos quita mucha carga, higieniza la mente y evita rivalidades poco necesarias.

Probablemente si nunca habíamos pensado en las consecuencias que esta actitud tiene, podría ser complicado pensar cómo poder abordarlo, como gestionarlo o como poder empezar a pensar más en ello. Para ello lo más importante sería cambiar nuestro diálogo interno y sobre todo centrarse más en el enfoque emocional. Sería un ejercicio de pasar de la negatividad interna a generar ese esfuerzo mental por proyectar bondad, dando lugar a un aumento de empatía y sentimientos de conexión social.

Sin querer, a medida que pongamos esto en práctica, percibiremos como nuestro estado de bienestar aumenta cuando compartimos nuestras vidas, creencias sentimientos y pensamientos con los demás.

Es una sencilla visión de salud y conexión humana.

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