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Evitar o actuar: ¿Cómo afrontas las situaciones difíciles, dolorosas o estresantes?

Marina García Pou

A lo largo de la vida nos enfrentamos a multitud de situaciones problemáticas, que nos pueden generar estrés o disconfort. Algunas personas se activan rápidamente para poner solución al problema mientras que otras se quedan paralizadas y esperan a que pase la tormenta. En general, estos mecanismos de afrontamiento se ponen en marcha de manera más o menos consciente, convirtiéndose en una tendencia de acción ante las situaciones que van surgiendo a lo largo de la vida.

De esta forma, ante un evento potencialmente estresante las personas reaccionan de forma muy diversa. Por ejemplo, tras un conflicto con un compañero de trabajo, algunas personas optarán por no decir nada, se alejarán y harán “como que no ha pasado nada”. En cambio, otras irán a hablar con él para aclarar el malentendido y decirle lo que opinan al respecto. En este sentido, la conducta de evitación sirve para restaurar la calma, pues una vez que logramos escapar de la situación desagradable los niveles de ansiedad disminuyen. Por lo tanto, este mecanismo de afrontamiento es, a corto plazo, muy eficaz: alivia de forma instantánea el malestar. De esta manera, cada vez que estas personas se enfrenten a un evento que les genere malestar tenderán a poner en marcha un estilo de afrontamiento evitativo para evitar sentirse mal.


¿Qué son las estrategias de afrontamiento?


Las estrategias de afrontamiento son esquemas mentales o procesos conductuales que las personas utilizan para analizar y enfrentarse a acontecimientos que se presentan como estresantes, difíciles o dolorosos. Cada individuo se basa en su experiencia y aprendizaje para afrontar los problemas y enfrentarse a ellos de forma efectiva. Sin embargo, no todas las estrategias de afrontamiento son adecuadas. Los recursos de afrontamiento basados en la evitación buscan alejarse del problema temporalmente, utilizando distintas vías de escape para distanciarse de la fuente de estrés.


¿Es siempre negativa la evitación?


Intentar evitar el sufrimiento es normal. Se trata de un mecanismo de adaptación que nos permite huir de algo que puede dañar nuestra integridad física o mental. Por ejemplo, si nos encontramos en la calle con alguien que nos increpa y se muestra agresivo, es lógico alejarnos para evitar una pelea y ser agredidos. Sin embargo, las tendencias evitativas pueden convertirse en un problema cuando interfieren y limitan la vida de una persona. La evitación se considera desadaptativa cuando no es útil para resolver la situación, se utiliza con excesiva frecuencia o no permite que desarrollemos proyectos y metas deseadas.

De hecho, cuando esta dificultad se manifiesta de una forma extrema se puede dar un “Trastorno de Personalidad Evasiva” que se caracteriza por un patrón dominante de inhibición social, miedo a los juicios negativos de los demás y sentimientos de no ser adecuado.

Ante situaciones incómodas, estresantes, o que generan sufrimiento, las personas evitativas suelen poner en marcha tres tipos de evitación:


1. Evitación cognitiva: Evitar pensar en aquello que nos hace sentir mal. “Si no lo pienso, no existe”. En lugar de dedicar un tiempo a valorar alternativas e intentar resolver la situación, decidimos no pensar en ello. “Prefiero no pensarlo”. De esta forma, el problema se mantiene en el tiempo, pues por norma general las situaciones no se resuelven por si solas.

2. Evitación conductual: Dejar de hacer cosas que generan malestar. Por ejemplo, no coger un avión, no hablar en público, no dar nuestra opinión, no ir a una fiesta por evitar sentirse incómodo, etc.

3. Evitación emocional: Escapar de lo que sentimos. Es decir, evitar emociones desagradables como pueden ser el miedo, la tristeza o la rabia. Para ello, se suele recurrir a estrategias que permitan desconectar de esa sensación, y cuanto más se evita, con más fuerza vuelve en el futuro.

¿Cuáles son las consecuencias de un estilo de afrontamiento evitativo?
A la larga, este estilo de afrontamiento puede impactar de forma negativa en la salud mental de las personas. Algunas de las consecuencias del afrontamiento evitativo son las siguientes:

  • Dificultad para manejar las situaciones adversas.
  • Menor capacidad para regular las emociones: Al evitarlas no se logra manejarlas de forma efectiva
  • Baja autoestima: Sentir que no se tiene capacidad para afrontar situaciones difíciles o dolorosas impacta de forma negativa en el autoconcepto.
  • Menor desarrollo de habilidades y recursos personales
  • Mayor probabilidad de sufrir estrés crónico y depresión a largo plazo

Algunas recomendaciones:
Cuando realizamos constantemente conductas de seguridad para no sufrir, perpetramos el dolor y aumentamos a largo plazo el sufrimiento. En este sentido, tomar conciencia de nuestro estilo de afrontamiento es importante para entender como funcionamos e intentar cambiar lo que no está siendo útil. Observar y analizar tus reacciones es el primer paso para poder realizar pequeños cambios. Por otro lado, es importante entender que el sufrimiento forma parte de la vida y que no siempre podemos sentirnos bien emocionalmente. Es normal angustiarse, sentir miedo o tristeza y permitirnos conectar con estas emociones, dejarlas estar y darles un espacio es vital para habituarnos a ellas.

Finalmente, aprende y practica nuevas formas de afrontamiento. Fíjate en otras personas que afrontan las situaciones de una forma diferente e intenta hacer lo mismo. Cuantas más estrategias aprendas, más probabilidad tendrás de afrontar las situaciones con éxito.

Por último, si no logras hacer frente a esta dificultad por ti mismo/a, sientes que te está generando problemas y/o un gran nivel de sufrimiento, no dudes en pedir ayuda profesional.

Contar con un psicólogo/a especializado permite conocer mejor cual es el origen del problema, manejar de forma más efectiva las dificultades y aprender nuevas formas de afrontamiento que ayuden a mejorar tu salud mental.

Marina García Poales

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