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¿Qué voy a hacer? ¡Qué futuro tan incierto!

Fomentado por la situación de confinamiento, nuestra cabeza hace todo el ejercicio que a nosotros se nos impide durante gran parte de nuestro día a día, y es que cuando nos imaginamos algo que puede ocurrir y cuyas consecuencias son devastadoras, ésta se pone a 2000 r.p.m intentando hallar posibles soluciones. Lo que obedece simplemente a nuestro primario instinto de supervivencia. ¿Qué pasa si me contagio? ¿Y si me echan del trabajo? ¿Y si tengo que vender la casa o el coche? ¿Y si también se resienten mis relaciones con mis amigos y/o pareja…?!

¿Te suena, verdad? Pues te traemos una buena noticia, y es que diversos estudios científicos han puesto de manifiesto que el 91,4% de las preocupaciones que nos invaden diariamente, corresponden a situaciones que no van a ocurrir nunca.  Y aún hay más, pues el filósofo norteamericano Earl Nightingale dejó algo escrito que te interesa: “el 40% de lo que nos preocupa jamás ocurrirá, el 30% es pasado por lo que las preocupaciones no lo podrán cambiar; el 12% son preocupaciones innecesarias sobre nuestra salud y el 10% son pequeñas e inconexas. Con estos datos, apenas nos queda un 8% de preocupaciones legítimas a las que debemos prestar atención. En definitiva, MENOS de 1 por cada 10.  ¿Aún no te has convencido de que invertir tiempo en todas ellas es apostar en un saco roto? Pues atento!

En primer lugar hemos de informarte de que un problema es, por definición: 

  1. Cuestión que se trata de aclarar. 
  2. Proposición o dificultad de solución dudosa. 
  3. Conjunto de hechos o circunstancias que dificultan la consecución de algún fin. 
  4. Disgusto, preocupación. 
  5. Planteamiento de una situación cuya respuesta desconocida debe obtenerse a través de métodos científicos.

Lo que te queremos decir con esto, es que a esa preocupación a la que ahora, en este mismo instante no puedes hacerle frente o ponerle solución no merece el calificativo de “problema”, ya que actualmente te faltan un montón de datos para poder resolverlo. Por ello, cuando puedas te ocuparás, pero mientras tanto cada vez que identifiques que estas preocupaciones rondan tu cabeza cuenta hasta 5 y automáticamente cambia de actividad. No se trata de otra cosa que de lo que nosotros llamamos distracción cognitiva, la técnica más eficaz para ganarle la batalla a estos pensamientos.

Por otro lado, déjanos decirte que cuando te convences a ti mismo sobre que “necesitas este trabajo”, “necesitas ir a una discoteca” o “necesitas tu coche”, estás confundiendo deseos con necesidades. Y es que una gran ayuda en estos casos puede ser  imaginarnos en lo peor escenario posible y relativizar. Por ejemplo; ¿qué pasaría si te echasen de tu trabajo? probablemente sería un duro golpe y tendrías que ajustarte el cinturón o privarte de algunas cosas, quizá deberías aceptar un trabajo en el que las condiciones fuesen peores, o en el peor de los casos tendrías que pedir ayuda económica de algún familiar o amigo. ¿Pero sabes qué? vivimos en un país en el que actualmente no te faltaría comida, ni podrían echarte de tu vivienda. Así que tus necesidades básicas REALES, estarían en cualquier caso cubiertas. ¿Y si me infectase de coronavirus tras la desescalada? Los datos científicos nos demuestran que los riesgos reales de infección llevando a cabo las medidas de protección e higiene necesarias son muy pequeños, y enhorabuena, eso sí que está en gran parte bajo tu control. E incluso si te contagiases, aún más pequeña es la probabilidad de que sufrieras un episodio agudo en vez de pasar la enfermedad en casa o con un cuadro leve. Y además ¡desarrollarías anticuerpos!. Así que hazte un favor y no te sobrecargues con información constantemente, sino solamente con aquella clara, concisa y veraz. Recuerda siempre que tienes los mismos datos para pensar que te verías envuelto en esta espiral de desgracias como para creer que las cosas van a ir bien ¿Qué cuento prefieres contarte? 

Y si me permites, aún te diremos algo más que te convencerá definitivamente de los costes de focalizar tu atención en las “posibles desgracias”. El impacto de un solo pensamiento negativo, equivale al impacto de 7 pensamientos positivos un completo despropósito, ¿verdad?. Aunque ahora ya lo sabes, por cada preocupación con connotaciones negativas, rápidamente deberás de pensar en 7 cosas positivas que la misma situación, te podría traer. 

Pese a todo esto, desde PsicoLink entendemos que este post se te ha podido quedar corto y que aún quieras descubrir un mayor número de recursos que están al alcance de tu mano para ponerle freno a esa mente tan trabajadora. ¿Quieres conocer cómo darle unas vacaciones a esa molesta premonición de futuro?

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